¿Qué es una Constitución y por qué es tan importante?

La Constitución es una decisión de la ciudadanía libre, del pueblo como titular del derecho de autodeterminación y se traduce en un pacto de doble naturaleza -jurídica y política- que cumple dos funciones claves: define un modelo de Estado y establece el catálogo de Derechos fundamentales que ese Estado se compromete a asegurar.

Es en esas definiciones que sabremos si en nuestra sociedad el agua, la educación y la salud serán bienes que se transen en el mercado, accesibles sólo para pocos, o si bien serán asegurados como derechos humanos universales y estándares mínimos de justicia social. También ahí se definen las libertades, si puedo reunirme en una plaza sin represión, si habrá o no censura, si estaré o no protegido frente a la arbitrariedad de la detención por sospecha o se elimine toda forma de discriminación social, por género, por creencias religiosas o el color de piel.

Asimismo, la Constitución como pacto y manifestación de la autonomía política de una determinada comunidad implica deberes constitucionales que recaen tanto en los órganos públicos como en las personas que la componen tales como la protección del medio ambiente, de solidaridad, el sufragio y el respeto y promoción de los derechos fundamentales.

La Constitución define qué es lo que puede o no puede hacer la autoridad con sus gobernados, se moldea el reparto del poder y la relación del ciudadano con sus autoridades, los problemas del reparto territorial del poder y las bases del sistema municipal y regional.

En definitiva, es en la Constitución donde se determina qué podrá hacer un alcalde, sobre qué podrá deliberar el parlamento, y de esa forma qué le puedo exigir a mis autoridades y cómo hacerlo, incluyendo, mecanismos para revocar su mandato si se apartan de lo exigido por sus mandantes, esto es, el pueblo que los elige mediante elecciones periódicas.

La “despolitización” de la sociedad chilena, el gran legado de la dictadura, hace creer que el debate constitucional no es propio ni cercano a la personas comunes y las necesidades de las mayorías: todo lo contrario, una nueva constitución significa re barajar el naipe del poder y es re definir el poder del ciudadano frente al mercado y a las autoridades. Discutir la nueva constitución es redefinir el modelo de sociedad en el que queremos vivir.

¿Por qué una Nueva Constitución?

En un sistema democrático, el poder político o soberanía recae en el pueblo, entendido como el conjunto de ciudadanos, estando todos dotados de un voto del mismo valor, sin discriminación. El pueblo así deviene en el cuerpo político que reúne a todas las personas con derechos políticos, a efectos de determinar libre y pacíficamente quién ejercerá el poder en la conducción de esa sociedad. Los gobernantes así son mandatarios, obran a nombre del pueblo y le deben rendir cuentas. Primer mandatario no es el que manda más ni el primero que manda, al revés, es el encargado o mandatario más importante: el recibe un encargo del pueblo y es a él a quién deberá responder.

La primera manifestación del derecho de autodeterminación de los pueblos es el ejercicio constituyente: establecer en qué sociedad van a vivir, qué poderes se le reconoce al gobernante, que derechos se aseguran a las personas y cómo se exige cuenta al que gobierna, eso es una nueva constitución. Como su origen es la soberanía del pueblo, es un acto pacíco, libre y democrático. Por lo mismo, el pacto debe ser suscrito por este mismo pueblo, quien de esta forma asume el Poder Constituyente.

El pacto constituyente genera una nueva Constitución, al provenir de un pueblo plural y diverso, que se traduce en un texto convocante de todos los sectores de la ciudadanía, que, con sus anhelos y proyectos de sociedad, participan e intervienen en la elaboración de un nuevo texto constitucional. Es traducir en un texto común y vinculante para todos lo que ya se discute, debate y exige en nuestras ciudades, comunas y pueblos.

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