¿Por qué Apruebo?

Carta abierta al pueblo de Chile

Avanzar hacia una nueva Constitución es una tarea histórica fundamental

Compatriotas:

Chile vive un momento histórico. Debe avanzar hacia el cambio social que las mayorías reclaman, pero poderosas fuerzas conservadoras de ultraderecha se oponen a ello. Asimismo, el descalabro de la pandemia y los errores garrafales del Gobierno han agravado enormemente tensiones sociales de la más variada naturaleza en la convivencia nacional.

La estrategia de regresión social de Piñera, de modo especial, en el ámbito de la Educación fue agudizando las relaciones con el movimiento social hasta generar una permanente tensión entre un ejercicio de la autoridad intolerante y represivo con los profesores y estudiantes.

En ese contexto, el alza de las tarifas en el transporte público se transformó en un gran estímulo de sucesivas movilizaciones que alcanzaron su culminación en la jornada de desobediencia y lucha social del 18 de octubre, que pasó a convertirse en el inicio del “estallido social”. En los días y semanas posteriores la situación del país cambió profundamente. En el centro de la agenda nacional se instaló el rechazo a los abusos, privilegios y, en especial, en contra de la desigualdad, expresada por la institucionalidad que emana de la Constitución de 1980.


El desgobierno se extendió con la caída inevitable y estrepitosa del gabinete. En ese contexto, en que la protesta social remecía el Gobierno, carente de una respuesta a la altura de las circunstancias, surgió el acuerdo de las fuerzas políticas para el proceso constituyente, suscrito el 15 de noviembre. El PS apoya ese acuerdo con vistas a una nueva Constitución, cuyo texto emane de una Convención Constitucional electa en su totalidad. Por eso, considera que la tarea de las tareas es lograr una gran mayoría para el Apruebo en el plebiscito del 25 de octubre.


Sin embargo, a pesar del acuerdo alcanzado, Piñera siguió enceguecido por su mirada anclada en la guerra fría e historias fantasiosas como el “big data”. La respuesta represiva fue un error político histórico del actual Gobierno. Disparar a multitudes con decenas de miles de jóvenes, procesar y encarcelar a varios miles, mutilar a centenares, sacar las tropas a las calles, en suma, intentar una “guerra” en contra del propio pueblo de Chile constituye el más grave error que haya cometido un Gobierno democráticamente elegido en la historia de Chile. Con esa estrategia, el Ejecutivo azuzó el conflicto social y las movilizaciones continuaron hasta el inicio de la pandemia del Coronavirus.

Chile vive un momento histórico. El proceso constituyente es una importante conquista social y política, que se hiciera posible en el marco de una amplia y masiva movilización ciudadana, que se cristalizó en el acuerdo político alcanzado por la mayoría de  los partidos políticos el pasado 15 de noviembre, ofreciendo un cauce institucional para resolver democráticamente las profundas diferencias que separan a quienes intentan defender y perpetuar el desacreditado orden actual y quienes buscan transformarlo y soñar un mejor país.

Esa es la disyuntiva que la ciudadanía debe resolver en el plebiscito de octubre por las vías que ofrece la democracia, como espacio y límite de la acción política.

Una parte importante de la derecha no quiere un plebiscito que con toda seguridad va a perder por abrumadora mayoría, tal como lo señalan las distintas proyecciones. Por otra parte, el Gobierno y su nuevo gabinete, mayoritariamente identificado con la opción por el rechazo, no ha ofrecido suficientes garantías de que el plebiscito pueda desarrollarse en las condiciones sanitarias, políticas y materiales que aseguren una amplia y masiva participación ciudadana. Cruzado por fuertes contradicciones respecto del proceso constituyente, el Gobierno ha demostrado sistemáticamente, además, su escasa sensibilidad frente a los problemas sociales  y a las demandas ciudadanas.

El Gobierno de derecha, frente a la profunda crisis social y económica, ha tenido un accionar indolente, con procesos de postulación engorrosos, hiper-focalizados y lentos en su ejecución, lo cual ha conllevado a que la crisis la han terminado pagando los/as trabajadores/as, con sus ahorros en los fondos de pensiones y en el seguro de cesantía.  

Por su parte, una forma de obstaculizar o incluso impedir la realización del plebiscito de octubre, además de las condiciones sanitarias, es que se instale un clima de violencia, intolerancia y polarización. No se puede descartar que existan sectores interesados en profundizar el clima de crispación que hoy vive el país como una forma de evitar y obstaculizar el proceso constituyente.

La unidad social y política del pueblo

Frente a lo anteriormente expuesto, la unidad de las fuerzas progresistas es una tarea fundamental, tanto de la oposición como también del amplio movimiento social y ciudadano que se ha pronunciado a favor del proceso constituyente. Es un imperativo unir fuerzas y generar las condiciones para asegurar una amplia y masiva participación de la ciudadanía en este proceso.

Ello no excluye la protesta y necesaria movilización social, pero obliga a delimitar de manera categórica  fronteras con la violencia, institucional o contestataria, que animan sectores minoritarios de diversos orígenes. La violencia trae dolor y sufrimiento para muchos, y conduce a destinos conocidos y rechazados por el país.

Hoy no es el momento de la diferenciación o de las divisiones artificiales, hoy la opción es  abrirle camino a la profundización de la democracia y a la construcción de un Chile más justo y solidario, con una nueva Constitución redactada en democracia.

El llamado que el Partido Socialista hace en estos momentos cruciales para el país, es a la unidad, social y política, amplia y sin exclusiones, de todas las chilenas y chilenos que durante estos meses se han movilizado en contra de los abusos y las desigualdades, demandando cambios y transformaciones de fondo. El país necesita de una nueva Constitución que le abra el camino a un nuevo orden económico, político y social, y ello sólo será posible con la unidad social y política del pueblo.

El Partido Socialista está disponible a alcanzar los mayores grados de unidad entre las fuerzas opositoras, respetando nuestra diversidad y entendiéndola como un valor para la construcción de un nuevo proyecto capaz de ser alternativa real a la derecha.

Expresamos nuestra firme voluntad de trabajar incansablemente por esa unidad, que se construye desde la base, sin sectarismos y con generosidad, con todas y todos aquellos que buscan construir un Chile fraterno y solidario, que sea garante de los derechos de quienes habitamos en esta tierra y donde los intereses de las grandes mayorías sean el centro de nuestro trabajo cotidiano.

Comisión Política

Partido Socialista de Chile

Aprueba un Chile con justicia y dignidad, por medio de la Convención Constitucional.

¡El 25 de octubre marchar es votar!

VIDEOS

GRÁFICAS

DOCUMENTOS

COMPARTE ESTA PÁGINA

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on linkedin
Share on print
Share on email